El Efecto Pigmalión

¡Cuidado con lo que piensas, esperas o crees acerca de tus hijos… podría hacerse realidad!

El Efecto Pigmalión es el fenómeno mediante el cual, las creencias, ideas, expectativas… que los adultos tienen hacia los niños, tienden a confirmarse a lo largo del tiempo.

EL EFECTO PIGMALIÓN EN NIÑOS

Este fenómeno tiene su origen en la obra del poeta Ovidio, recibe su nombre en referencia a Pigmalión, un antiguo rey de Chipre, que se enamoró de una estatua femenina que él mismo había creado e imploró a Afrodita que otorgase vida a la estatua. Finalmente Afrodita materializó su deseo y Pigmalión contrajo matrimonio con Galatea, que así se llamaba la mujer nacida de esa estatua original, y tuvo una hija llamada Pafo.

Metafóricamente, el Efecto Pigmalión describe el modo en que los padres, docentes y personas con vínculos afectivos pueden transferir o influir en el estilo de vida del niño, mutando sus capacidades, gustos y conductas. Esta clase de expectativas que se depositan en el niño se le transmiten mediante el lenguaje verbal y no verbal, y expresan tanto lo que anhelamos como lo que rechazamos.

ATENTOS A NUESTRO LENGUAJE, PODEMOS TRANSMITIR INSEGURIDAD AL NIÑO

Gran parte de los mensajes que transmitimos son no verbales. Los niños no solo se quedan en el lenguaje, en lo que decimos… si no que son capaces de percibir nuestros gestos en la connotación de lo que expresamos, son capaces de captar el mensaje fuera de lo estrictamente verbal. Sin ir más lejos, muchos mensajes que se le mandan a los niños son del tipo: “sé más listo”, “no puedes hacer eso”, “siéntate a hacer los deberes, que no vas a llegar a nada en la vida”, “si sigues así vas a ser un fracasado”, “le cuesta estudiar”, “esto no se te da bien”, etc.

Sin embargo, lo que expresamos es el anhelo de lo que queremos que sean o el temor de lo que no queremos… Los niños no saben como son, cuál es su rol o como debe ser su comportamiento (e importante: como no debe de ser). Los pequeños, forman su autoconcepto a partir de lo que sus figuras de apego o referencia dicen o expresan de ellos. Por lo tanto, es a través de nuestro lenguaje, de la forma de tratarlos o de dirigirnos a ellos (además de sus experiencias con otros niños y adultos), como aprenden quiénes son, qué cualidades tienen, cuál es su rol o cómo deben comportarse. Por lo que el verdadero mensaje que el niño capta de lo citado anteriormente es:  “eres inútil”, “eres incapaz”, “vas a fracasar”, “eres débil”, etc.

Por lo tanto, es importante lo que decimos y cómo lo decimos. Así mismo, estaría bien analizar las propias creencias, expectativas, miedos y sentimientos, antes de expresarlos… teniendo cuidado en la forma y las palabras que utilizamos para hacerlo.

En resumen, las familias suelen depositar una serie de creencias inconscientes (buenas o malas, constructivas o limitantes) respecto al futuro de cada uno de sus retoños. El producto tangible de este agregado de creencias y anhelos es lo que se conoce como el Efecto Pigmalión.

INVESTIGACIONES SOBRE EL EFECTO PIGMALIÓN:

Uno de los estudios sobre los que se sostiene la teoría del Efecto Pigmalión fue realizado en los Estados Unidos (David McClelland, “Estudio de la motivación humana”). En él se crearon dos grupos (uno de ellos estaba formado por alumnos de inteligencia superior y buenas calificaciones académicas, mientras que el otro estaba formado por alumnos por debajo del promedio).

Durante la experimentación, el maestro no conocía los criterios de formación de los grupos ni el origen de los estudiantes. Por el contrario, se le dio al maestro una información invertida acerca del desenvolvimiento intelectual y académico de los estudiantes.

Tras un tiempo dando clases, el grupo de alto rendimiento académico previo sufrió un descenso en las calificaciones, mientras que el otro grupo incrementó significativamente sus resultados. Por lo tanto, la conclusión es clara: la creencia y expectativas del profesorado sobre los alumnos influyó sobre la interacción y los logros académicos por parte de los estudiantes.

LAS CREENCIAS NO SOLO TIENEN PORQUÉ INFLUIR DE FORMA NEGATIVA, PUEDEN SER PROTECTORAS:

Igual que se ha hablado de como los mensajes, creencias, miedos, anhelos o expectativas negativas acerca de los niños pueden llegar a condicionarlos o influir en su futuro de forma negativa, puede ocurrir lo mismo a la inversa, por ejemplo, si transmitimos al niño un mensaje de confianza en él, con expectativas realistas, reforzándolo, creyendo en él y valorándolo como persona individual, resaltando sus cualidades… el menor creará un autoconcepto positivo, siendo consciente de sus fortalezas y capacidades.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA EVITAR EL LADO NEGATIVO DEL EFECTO PIGMALIÓN?

  • Tomar conciencia de cuáles son nuestras expectativas y anhelos (seguramente algunas inconscientes) con respecto a nuestros hijos. Por ejemplo tomar conciencia de si hemos tenido hijos para no estar solos en la vejez, para solidificar lazos matrimoniales, para darle sentido a la vida, para sustituir a alguien que falleció, porque nos imaginamos una casa llena de gente, etc. Ya que en relación a esto, desarrollamos una serie de estrategias para que nuestros anhelos se cumplan, que van desde el nombre que le ponemos al bebé hasta las fantasías acerca de sus capacidades, su físico o su vocación (“él vale para esto”, “ya hubiera querido yo que mis padres hicieran esto por mi”, “tiene capacidades para este deporte, puede llegar lejos”, “yo me sacrifico para que él llegue donde yo no pude llegar”… ¿él quiere ese deporte? ¿cómo se siente con esto? ¿qué es llegar lejos? ¿a costa de qué?…).

  • Reformular, decir de otra forma, cambiar expectativas con los hijos. Así como expresarse diferente con cada uno de ellos. Destacar sus habilidades genuinas, sus capacidades y cualidades, tratándoles con cariño y cercanía física, eliminando las fantasías y deseos que tenemos hacia ellos. En definitiva, dejarles que auto-exploren en sus propios deseos, en lo que quieren o en lo que les gusta, intentar decidir menos por ellos.

  • Ayudarles a que expresen sus emociones mediante diferentes métodos (hablar, música, bailar, pintar, escribir, jugar…) y aceptar que todas las emociones son válidas y las aceptamos, favoreciendo así que sean introspectivos.

  • En definitiva, respetarles y favorecer su autoestima destacando sus puntos fuertes.

Sara Martínez. Psicóloga Sanitaria.

@cambia_el_coco

@sara_mentalcoach

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